Alcancé
a verlo desde el pasillo mientras me dirigía al Salón Principal de la Facultad
de Ingeniería donde se llevaría a cabo su examen profesional, llevaba fácil
seis años de no verlo, fue el propio camino profesional y la distancia los
motivos por los que nos separamos pero llegó el momento del reencuentro de una
vieja amistad.
Se
la pasaba dibujando todo el tiempo, casi no le dirigía la palabra a ninguno de
los compañeros del salón y lo que más recuerdo es que en esos primeros días de
la prepa utilizaba un tapa bocas porque se encontraba enfermo; lo gracioso era
que no me había dado cuenta que acababa de conocer a mi amigo Víctor.
Los
compañeros del grupo hacíamos el esfuerzo por crear un grupo de amigos en esa
nueva etapa de vida, siempre que terminaba una clase planeábamos salir al
deportivo, el parque que se encontraba a un costado de la escuela; nuestras
reuniones, eran simplemente entrevistas express y de curiosidad natural para
irnos conociendo.
-¿Sabes
cómo se llama?- me preguntó en una ocasión una amiga del grupo que se notaba se
había interesado en él; al poco tiempo se hicieron novios y desde entonces
comenzó una nueva historia entre ellos que perdura hasta hoy, me doy cuenta que
va para nueve años de esto.
América
vs Pumas en el Azteca; fue en aquel partido donde viví la afición por
primera vez y la pude compartir con Víctor. Nunca había tenido el sentimiento
de apoyo a un equipo, es más, ni el gusto por el futbol y me di cuenta que
presenciar un partido es completamente diferente a verlo por televisión.
Recuerdo que ganó Pumas y aprendí una porra que tiene toda la intención de
insulto para ese equipo que viste de amarillo.
A
pesar de no compartir gustos siempre tuvimos conexión. En alguna ocasión
acompañé a mi amiga, que para ese entonces era su novia de varios meses, a
comprarle una patineta por su cumpleaños al centro de Coyoacán, recuerdo que al
momento de dársela tuvo un rostro de incredulidad y se llenó de alegría como
cuando le di la moto a escala de colección que destruyó un recuerdo
desagradable que yo no podía superar de mi propia infancia pero que al dársela
lo cambio todo.
No paraban de recorrer las lágrimas sobre el rostro de mi amiga al momento de
llegar a la sala, comprobé que se llenó de alegría al encontrarme en ese sitio.
Mi amiga ya tenía una historia construida con él, más allá de los años que
compartí durante la preparatoria con ellos; sin más preámbulo me di cuenta en
ese instante que había llegado el momento de presenciar el examen profesional
del futuro Ingeniero.
Vestía
un traje color gris claro, camisa azul cielo y corbata de rayas inclinadas,
irreconocible a mi parecer ya que en los años de la prepa se mezclaba entre los
demás compañeros y alumnos que no avanzábamos más allá de los jeans
tradicionales de todo adolescente.
Prótesis
morfológicas, sistemas protésicos y algoritmos de correlación eran parte de los
términos de su discurso. Le compartí mi opinión ese mismo día al llegar a su
casa en el convivio que organizó su familia para festejar el logro de
licenciarse, y le dije sinceramente que no había entendido absolutamente nada,
en lo que más me entretuve fue en contemplar su desenvolvimiento ante sus
sinodales.
Sujetando
un apuntador de laser a lo largo de la presentación mostró emociones
entremezcladas; entre seguridad y nerviosismo logró dar explicación a un
trabajo que representaba el camino de esfuerzo y entrega no sólo de la
universidad sino también del trayecto de etapas anteriores en las que
seguramente ni se imaginaba hasta donde podría llegar.
No
puedo asimilar lo que significó ese momento para Víctor, entre tanta gente de
su familia y amigos se mostraba la figura de un profesional en su área, ya no
era aquel adolescente que conocí hace nueve años en la prepa 8, con quien he
compartido un camino de superación, cada uno en su terreno personal y
profesional pero que al final un simple acto de presencia puede hacer cambiar
las cosas y a pesar de que la distancia nos separó fue el tiempo quien hizo que
nos volviéramos a reencontrar.
Existió
el instante del abrazo eterno entre su mamá y su papá, alcancé a vislumbrar un
pequeño destello luz en sus ojos, evidencia de la acumulación de emoción por lo
significativo que representaba aquello para él, recordé que sólo en una ocasión
lo he visto llorar, cuando me pidió charlar sobre conflictos amorosos de
aquella época donde nos parecían el fin del mundo y que ahora nos parecen una
broma de la que podemos reírnos por un buen rato.
Compartimos
una charla al llegar a su casa, recordando los momentos de la preparatoria,
-¿recuerdas que la de Lógica me pasó al frente y me exhibió como un chavo
inmaduro?-, me comentó Víctor al momento que le daba un sorbo a su plato de
pozole que había preparado con abundante orégano y lechuga, siempre ha sido de
buen diente y en eso no había cambiado. Era evidente que la alegría lo poseía
por completo.
Entre
familia y amigos de él se disfrutó de un momento grato para festejar al actual
Ingeniero Mecánico quien aseguraba había dejado en el pasado a ese chavo
inmaduro como le decía la maestra de Lógica, doy cuenta que en ocasiones los
comentarios pueden crear o destruir, en este caso, mi amigo Víctor ha sido
capaz de construirse una vida profesional provechosa que en mi opinión no tiene
nada que ver con la inmadurez.
Hemos
prometido frecuentarnos más y no distanciarnos tanto. Hoy es su cumpleaños y
espero que pueda leer esto en su muro de face. Voy a concretar con él y salir a
tomar un café en el momento que tengamos disponible, aunque también tengo
muchas ganas de ir a un partido del Pumas nuevamente.
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