martes, 2 de febrero de 2016

Recuerdo, reencuentro y un poco de Fut.

Alcancé a verlo desde el pasillo mientras me dirigía al Salón Principal de la Facultad de Ingeniería donde se llevaría a cabo su examen profesional, llevaba fácil seis años de no verlo, fue el propio camino profesional y la distancia los motivos por los que nos separamos pero llegó el momento del reencuentro de una vieja amistad.
Se la pasaba dibujando todo el tiempo, casi no le dirigía la palabra a ninguno de los compañeros del salón y lo que más recuerdo es que en esos primeros días de la prepa utilizaba un tapa bocas porque se encontraba enfermo; lo gracioso era que no me había dado cuenta que acababa de conocer a mi amigo Víctor.
Los compañeros del grupo hacíamos el esfuerzo por crear un grupo de amigos en esa nueva etapa de vida, siempre que terminaba una clase planeábamos salir al deportivo, el parque que se encontraba a un costado de la escuela; nuestras reuniones, eran simplemente entrevistas express y de curiosidad natural para irnos conociendo.
-¿Sabes cómo se llama?- me preguntó en una ocasión una amiga del grupo que se notaba se había interesado en él; al poco tiempo se hicieron novios y desde entonces comenzó una nueva historia entre ellos que perdura hasta hoy, me doy cuenta que va para nueve años de esto.
América vs Pumas en el Azteca; fue en aquel partido donde viví la afición por primera vez y la pude compartir con Víctor. Nunca había tenido el sentimiento de apoyo a un equipo, es más, ni el gusto por el futbol y me di cuenta que presenciar un partido es completamente diferente a verlo por televisión. Recuerdo que ganó Pumas y aprendí una porra que tiene toda la intención de insulto para ese equipo que viste de amarillo.

A pesar de no compartir gustos siempre tuvimos conexión. En alguna ocasión acompañé a mi amiga, que para ese entonces era su novia de varios meses, a comprarle una patineta por su cumpleaños al centro de Coyoacán, recuerdo que al momento de dársela tuvo un rostro de incredulidad y se llenó de alegría como cuando le di la moto a escala de colección que destruyó un recuerdo desagradable que yo no podía superar de mi propia infancia pero que al dársela lo cambio todo.
No paraban de recorrer las lágrimas sobre el rostro de mi amiga al momento de llegar a la sala, comprobé que se llenó de alegría al encontrarme en ese sitio. Mi amiga ya tenía una historia construida con él, más allá de los años que compartí durante la preparatoria con ellos; sin más preámbulo me di cuenta en ese instante que había llegado el momento de presenciar el examen profesional del futuro Ingeniero.
Vestía un traje color gris claro, camisa azul cielo y corbata de rayas inclinadas, irreconocible a mi parecer ya que en los años de la prepa se mezclaba entre los demás compañeros y alumnos que no avanzábamos más allá de los jeans tradicionales de todo adolescente.
Prótesis morfológicas, sistemas protésicos y algoritmos de correlación eran parte de los términos de su discurso. Le compartí mi opinión ese mismo día al llegar a su casa en el convivio que organizó su familia para festejar el logro de licenciarse, y le dije sinceramente que no había entendido absolutamente nada, en lo que más me entretuve fue en contemplar su desenvolvimiento ante sus sinodales.
Sujetando un apuntador de laser a lo largo de la presentación mostró emociones entremezcladas; entre seguridad y nerviosismo logró dar explicación a un trabajo que representaba el camino de esfuerzo y entrega no sólo de la universidad sino también del trayecto de etapas anteriores en las que seguramente ni se imaginaba hasta donde podría llegar.
No puedo asimilar lo que significó ese momento para Víctor, entre tanta gente de su familia y amigos se mostraba la figura de un profesional en su área, ya no era aquel adolescente que conocí hace nueve años en la prepa 8, con quien he compartido un camino de superación, cada uno en su terreno personal y profesional pero que al final un simple acto de presencia puede hacer cambiar las cosas y a pesar de que la distancia nos separó fue el tiempo quien hizo que nos volviéramos a reencontrar.
Existió el instante del abrazo eterno entre su mamá y su papá, alcancé a vislumbrar un pequeño destello luz en sus ojos, evidencia de la acumulación de emoción por lo significativo que representaba aquello para él, recordé que sólo en una ocasión lo he visto llorar, cuando me pidió charlar sobre conflictos amorosos de aquella época donde nos parecían el fin del mundo y que ahora nos parecen una broma de la que podemos reírnos por un buen rato.
Compartimos una charla al llegar a su casa, recordando los momentos de la preparatoria, -¿recuerdas que la de Lógica me pasó al frente y me exhibió como un chavo inmaduro?-, me comentó Víctor al momento que le daba un sorbo a su plato de pozole que había preparado con abundante orégano y lechuga, siempre ha sido de buen diente y en eso no había cambiado. Era evidente que la alegría lo poseía por completo.
Entre familia y amigos de él se disfrutó de un momento grato para festejar al actual Ingeniero Mecánico quien aseguraba había dejado en el pasado a ese chavo inmaduro como le decía la maestra de Lógica, doy cuenta que en ocasiones los comentarios pueden crear o destruir, en este caso, mi amigo Víctor ha sido capaz de construirse una vida profesional provechosa que en mi opinión no tiene nada que ver con la inmadurez.
Hemos prometido frecuentarnos más y no distanciarnos tanto. Hoy es su cumpleaños y espero que pueda leer esto en su muro de face. Voy a concretar con él y salir a tomar un café en el momento que tengamos disponible, aunque también tengo muchas ganas de ir a un partido del Pumas nuevamente.


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